CAPITULO 3

Al año siguiente, ya en 2003, las ventas no cesaban de aumentar, la ubicación de la estación era privilegiada y contribuía considerablemente a aquel éxito absoluto. Por allí no existía la presión de hoy, no acudían ni los "misteriosos" de Horizonte pues tanto nosotros como nuestra estación vecina siempre lográbamos los mismos resultados y nos adjudicaban los eurosoles como media, vamos, de "oficio". Salía caro venir. Teníamos la ciudad a escasos metros de la autovía, lo que convertía el negocio en área de influencia METROPOLITANA , el polígono industrial se hallaba enfrente, lo que nos convertía en área de influencia INDUSTRIAL, y el puerto y aeropuerto estaban prácticamente a tiro de piedra, lo que nos convertía, sobretodo en verano, en área de influencia TURÍSTICA. La unión de las tres circunstancias convirtieron la estación en El Dorado, en El Potosí y en La Fábrica de las Piedras Filosofales.
Ese año, ascendieron al "Figura" a Encargado General, nunca comprendí cómo lo mismo se comía una bronca del JZ para acto seguido recibir por parte de éste una fraternal y cariñosa palmadita en la espalda, creo que todo se debía principalmente a que los buenos resultados imperaban sobre su deplorable gestión y en buena medida al carácter de nuestro "Figura" ,un carácter bonachón, afable y servicial que siempre lograba meterse en el bolsillo a todo incauto mediante su innata capacidad para hacer favores que nada tenían que ver con el negocio.

El “Figura” Siempre conseguía mediante sus contactos reservas a muy buen precio en hoteles de categoría para algún que otro jefazo de diversas delegaciones que venían de vacaciones. Si en plena temporada turística no había disponible coches de alquiler, él lo conseguía sin problema, "¿Langosta?... yo sé de un sitio donde sirven las mejores, les pido mesa", “¿Vueltecita en velero?... un momento”, y a continuación llamaba de nuevo a sus múltiples contactos. Si algún encargado o encargada pertenecía a su círculo simpatizante y venían a pasar unos días libres les ofrecía su propio coche y alojamiento en su casa urbana o en la del campo si se terciaba. ¡Qué co-jo-nu-do era el Encargado General!

Mientras se sucedía todo tipo de compadreo, yo seguía con mi trabajo satisfecho de despegarme de la zona de caja para ocuparme de los quehaceres del día a día, para eso cobraba el plus de partido sin realizar jamás dicho turno, a excepción de cuando el encargado estaba en periodo vacacional. Si tenía turno de mañana, esperaba al verdadero expendedor del turno partido, y después del bocata contaba el dinero, al que se añadía la diferencia de deuda del día anterior, y lo dejaba todo listo para su ingreso. Después, si procedía, realizaba el pedido de tienda con el flamante nuevo Handheld, que puso fin al rudimentario método de escribir en un folio referencias y cantidades, y enviarlo a Logista vía fax. Al principio aquella maquinita dificultó la tarea, bien porque se bloqueaba, o se cerraba o por error pedías un millón de cosas. No importaba, siempre podía chupar más sillón en la oficina para corregirlo antes de enviarlo, lo importante era llenar las horas. Por la tarde, si estaba de turno, me ocupaba de meter en el sistema todos los albaranes atrasados que me dejaba el “Figura”, sobretodo los de prensa, pues no eran de su agrado. También organizaba los inventarios, y para ello elegía un día que le fuera bien al encargado y coincidiera con el expendedor que mejor se le daba el conteo. Además, ese día, acudía a ayudarnos la responsable de nuestra única estación vecina (NO la encargada que me daba soporte de oficina desde su corta pero inalcanzable distancia ). La operación se llevaba a cabo durante todo el día, pues al término del recuento, nuestro “Figura” se tomaba su tiempo para maquillar los siempre desafortunados resultados. Eso se le daba bien, coño.
A lo largo de la jornada “inventarial”, el de la caja también contribuía, entre cliente y cliente, al conteo de los artículos más próximos. No era extraño que de vez en cuando desde esa zona se escuchara:
¡¡¡Piiippp, piiiip, piiip!!! “¡Mierda, otra fuga!”